2017 06 21 Ayer estaba amargado

Ayer estaba amargado.jpg

2017 06 21

Ayer estaba amargado y en realidad sigo estándolo conmigo mismo. La única razón por la cual permanezco despierto es la única que me amarga.

Sigo sin ser honesto conmigo mismo. La honestidad, se demuestra con hechos y ahí fallo. Fallo todos los santos días por mi adicción, fallo en cuanto me tomo una cerveza de más, fallo por el mero hecho de saludar sonriente a quién en realidad desprecio con todo mi alma (o ignoro con la misma fuerza).

Fallo también en mis silencios.

He leído hoy por el maldito Facebook, que quien tiene cierta ansiedad tiene una mente distinta. Ve las cosas a la defensiva, ve el grano de arena como una montaña digna de atacar por el gran Kilian… y nadie más.

Pues supongo que algo parecido me pasa a mí. Me amarga ver que sólo el amor no basta. Me amarga escuchar que la justicia es demasiado burocrática (siendo finos). Me amarga escuchar a todas horas que la gente muere por las odiosas las religiones. Me amarga oír a todas horas a políticos que no son más que parásitos que se intentan lucrar a costa de todos los demás.

Pero tengo que reconocer que hay muchas cosas que me gustan, me motivan y aunque no dan crédito por ellas en los bancos a mí, a pesar de los años; me siguen apasionando y sirviendo para no cortarme la yugular y acabar con todo de un tajo.

No me llames radical. Llámame incrédulo, utópico, fantasioso o inmaduro; pero no radical. Toda esa deshonestidad que practico día a día, me provoca ansiedad; es verdad. Quizás me tomo las cosas muy a pecho, cuando en realidad el resto de la humanidad sólo se preocupa por sí mismo… y volvemos al tema de ayer: ser egoísta.

Pero el egoísmo bien entendido es bueno. El egoísmo que se respira cotidianamente no. Esos que te preguntan por “¿qué tal te va?” porque son unas marujas consumadas o por su falsa buena educación; me provocan arcadas.

Yo quiero ser egoísta, para poder dar lo mejor de mí a los que me rodean. Es verdad eso que dicen que si no te amas a ti mismo poco puedes amar a los demás.

Pero siempre queda algo… sino no estaría aquí (literal). Ese resquicio de lucha, esa amargura que me provoco para mejorar, esa ansiedad por amar bien (desde mi hermana al corzo que se cruza en la montaña)… todo eso y más que no soy capaz de describir, me hace amar bien. Poderme sentarme en una terraza con un amigo y calmarle, poder disfrutar de unos momentos en la piscina con mi primo, poder desear a mi hermana que se lo pase estupendamente en el concierto de su vida…

Pero igual que queda algo… queda mucho por hacer. Y no cegaré en mi meta hasta que te enamores.

 

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